Leo en
lasprovincias.es una columna de Gabriel Masfurroll, Presidente de USP Hospitales. El título lo dice todo, pero os lo adjjunto a continuación:
En muchas ocasiones, cuando doy conferencias y charlas en universidades y escuelas de negocios,
me preguntan qué ventajas tiene arriesgarse y dejar un cómodo trabajo de top senior manager para emprender un camino propio, pero incierto. Me gusta que me hagan esta pregunta porque continuamente me recuerda lo gratificante que ha resultado realizar ese ejercicio de riesgo y siempre respondo lo mismo: l
a recompensa es la libertad.
En otro tipo de foros, como por ejemplo los de
jóvenes empresarios, esa respuesta se da por asumida. Allí te encuentras con todo tipo de emprendedores y en algunos casos, ya empresarios, con perfiles dispares y distintas formas de ver el mercado, el futuro, el mundo de la empresa. Sin embargo, hay un elemento que les une a todos y es que el deseo de libertad les ha llevado a donde están ahora y, con mayores o menores dificultades, les compensa creer en lo que hacen y sentirlo suyo.
Algunas personas se escudan bajo el hecho de no tener dinero, pero hoy en día todos sabemos que es posible realizar un proyecto empresarial con financiación externa si tienes claro qué quieres hacer y dónde quieres llegar.
Contar con un equipo humano que te respalde y te siga es, junto a un buen análisis del mercado, una de las bases para iniciar la aventura con éxito. Emprender un proyecto empresarial es un largo camino de aprendizaje. Todo lo que la vida te ha enseñado se vuelve útil ante el sinfín de dificultades que se presentan y asumir los fracasos y levantarse tras la derrota es, de todas las experiencias, las más aleccionadora.
En ocasiones me preguntan también
qué cualidades debe tener el líder empresarial y suelo responder con diez puntos: tener capacidad de liderazgo y saber transmitirlo, aunque suene obvio; ser capaz de rodearte de los mejores; anticiparte al futuro; tener mentalidad ganadora y saber arriesgarte; disfrutar con tu trabajo; ser capaz de planificar; ser coherente; procurar siempre la unión de intereses -- si todos los agentes que interactúan contigo ganan, tú también serás más fuerte --; tener humildad y, por último, divulgar con efectividad, claridad y transparencia lo que estás haciendo.
Hace diez años, tras pasar por las más importantes compañías del sector, afloró mi vena de empresario. Convencí a algunos de mis colegas de travesía profesional y decidimos que crearíamos la primera cadena hospitalaria privada independiente y profesionalizada de España. Contábamos con el equipo, el conocimiento, la ambición y la pasión por un proyecto que teníamos claramente estudiado y dibujado. Nos faltaba el dinero. Tras algún fracaso, finalmente encontramos el socio que quisiera unirse a nosotros. Nos endeudamos más allá de nuestras posibilidades y nos juntamos como socios, con un 20% del capital, con United Surgical Partners International, de Dallas, EE.UU. Así fundamos en 1998 de la nada, lo que actualmente es USP Hospitales. Hoy, diez años después, somos más de 6.000 profesionales, atendemos a más de un millón y medio de personas y tenemos presencia en tres países. Y todavía hoy sigo aprendiendo de los demás y arriesgando todos los días.
La pasión, el esfuerzo y la mentalidad ganadora y de riesgo pueden hacer realidad el sueño del emprendedor.