La realidad está siempre ahí, es algo en apariencia objetivo; sin embargo no todos vemos lo mismo. En ese sentido la realidad más que ser lo que es, es lo que percibimos. Unos percibimos unas cosas y otros otras. Por eso, parece evidente que necesitamos códigos compartidos para descifrar y explicar la realidad.
Y esto nos pasa también con la innovación. Tanto ruido, tantas palabras, tanta moda,… pero qué hay en realidad detrás de la palabra, del concepto. Necesitamos descifrar la innovación. Necesitamos desentrañar el enigma de la innovación, porque está claro que no está claro.
La innovación está orientada a la creación de un nuevo escenario, de un cambio en las condiciones de partida, de un objetivo que alcanzar. Muchas veces sorprendiendo a otros, otras sorprendiéndonos a nosotros mismos. Todos los juegos, del tipo que sean, podemos englobarlos dentro de ese espacio de sorpresa, inspiración y ejecución que conlleva todo proceso de innovación.
Aprender y reflexionar sobre el propio concepto de innovación es algo necesario. No sólo sobre el concepto en sí, sino sobre los principios que inspiran la innovación, las leyes que gobiernan su procesos y sobre todo la conceptualización de la misma en base a modelos. Todo ello nos permitiría conocer mejor en qué consiste esto de la innovación y cómo podemos aplicar sus enseñanzas en el día a día de las organizaciones.
El concepto más simple de innovación nos diría que ésta consiste en cambiar, en introducir novedades. Esta definición es tan básica que nos sorprende con decirlo todo y nos amenaza con no decirnos nada. Pues bien, la innovación debe entenderse no como un suceso aislado, que se produce una sola vez y ya está, sino como un proceso; esto es, un conjunto de sucesos encadenados que tienen como resultado un concepto de innovación sostenible en el tiempo y competitiva.
En realidad cualquier proceso de innovación se desarrolla en un espacio de competencia. Ese espacio hace que el sistema se ponga al límite y, al operar en competencia directa, genera innovación compitiendo, y nos enseña que la competencia es base en la innovación, está en el mismo concepto. Cualquier proceso creativo e innovador nace de competir, de competir contra otros o contra nosotros mismos, pero de competir para cambiar el statu quo. Esto se ve de manera especial en el juego, en cualquier tipo de juego.
La innovación necesita de la competencia, de la percepción de necesidad de cambio para sorprender al contrario. Siempre hay un contrario al que sorprender aunque no lo tengamos en ese momento delante. Esta percepción de necesidad para innovar es determinante. La necesidad es el principal movilizador de los procesos de innovación, lo que hace que una sociedad, con altos grados de bienestar, tenga verdaderas dificultades para movilizar el cambio, para pasar una frontera más allá del Edén conocido. Cuando las necesidades son básicas, la movilización para el cambio es más obvia. Ahora bien, cuando las necesidades son de otra naturaleza, menos físicas y más alineadas con sentimientos y emociones, los procesos de percepción e interiorización de la necesidad no son tan evidentes.
Sin la necesidad derivada de la competición, no habría innovación. Además no sirve con competir una vez para innovar. El juego sigue, la necesidad de la siguiente innovación está en la siguiente jugada. No vale con una jugada genial, nos espera la siguiente. Así surge la necesidad de entender la innovación como un proceso sostenible en el tiempo. Esa necesidad de innovación sostenible es más evidente cuando se confronta con un tercero, no sólo con uno mismo.
Esta innovación, que surge de la competencia y necesita ser sostenible en el tiempo, deriva en competitividad. No hay innovación competitiva si no es sostenible. En realidad, que el equipo y sus procesos de innovación resulten competitivos, esto es ganadores, nacen de enfrentarse de manera sostenible a la competencia con terceros. Para ello necesitaremos alinear las capacidades, las competencias de todo tipo del equipo, con el compromiso de todos y cada uno de los componentes. La competitividad es pues un resultado de nuestra manera de trabajar, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Llegamos así a comprender que el concepto de Innovación que nos interesa se alinea con el reto de la innovación sostenible en el tiempo y competitiva, porque es la que gana partidos y es el resultado de la competencia y el compromiso, situado en el tiempo y en relación con los demás.
José Luis Larrea
Presidente de Ibermática
Noviembre 2007
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