En un entorno en movimiento, en el que el cambio es una constate, los valores de la anticipación y la flexibilidad aparecen como ejes sustantivos para garantizar el éxito de los proyectos, de la mano de la apuesta por la innovación. Esta percepción de movimiento acelerado, tan consustancial con la actual sociedad de la información, no es algo nuevo. Heráclito de Efeso (550-475 a.C.) ya señalaba que “el cambio es lo único inmutable en el mundo”. Evidentemente, todo es relativo, pero es cierto que la sociedad actual, caracterizada por la globalización, la gran rapidez en el intercambio de información y el fuerte desarrollo tecnológico, nos pone de frente ante un cambio radical. El cambio que supone pasar de administrar cosas a gobernar el caos.
Todavía en fechas recientes la manera de enfrentar los problemas estaba inspirada por un concepto administrativo de la realidad. Las cosas se podían prever en gran medida, los cambios tardaban en producirse y parecía que podíamos aspirar a aprehender las distintas facetas de las cosas, para buscar la mejor respuesta a los problemas. Los planes plurianuales lo proyectaban todo, o casi todo, reflejando escenarios cambiantes, pero previsibles. Muchas de las terminologías, que todavía usamos en el mundo de la empresa, están impregnadas de esta manera de ver las cosas: Administración de Personal, para referirnos a las personas, Administración de Empresas, para referirnos a las titulaciones, y un sinfín de ejemplos más.
Sin embargo, al día de hoy, si reflexionamos un poco ¿podemos realmente hablar de administrar empresas o se trata más bien de gobernarlas? Evidentemente, una sociedad como es la actual no nos permite evolucionar y competir solamente administrando cosas, que también es necesario, pero no suficiente. Necesitamos anticiparnos y, además, desarrollar capacidades de flexibilidad para adaptarnos al cambio. Adaptarnos y anticiparnos, convivir con la incertidumbre y la falta de verdades absolutas, y aspirar a gobernar el caos.
El caos no es desorden, tiene sus reglas, podemos aspirar a gobernarlo. De esto van los retos de la sociedad que viene, de prepararnos para enfrentar el caos y gobernarlo. Y esto se hace a través de la innovación, entendida como una cultura que nos permite evolucionar y desarrollarnos. La innovación como cultura que impregne los comportamientos es la mejor garantía de competitividad frente a la incertidumbre.
Casi todas las personas nos sentimos más cómodos y tranquilos pensando que Maquiavelo existe, que es como el gran hermano que todo lo tiene previsto. Así, casi todo tendrá una explicación de manos de fuerzas ocultas, nos permitirá asumir el papel de víctimas y desarrollar la cultura de la excusa y el “escurrir el bulto”. Pero tengo malas y buenas noticias. Las malas, para los que viven más tranquilos en la burocracia de los hechos y el pensamiento, es que Maquiavelo no existe, ya murió. Las buenas, para los que se enfrentan a la vida con valentía, es que el mundo del caos, que no es desorden, está lleno de oportunidades y las excusas no sirven.
Aquí es donde la innovación adquiere todo su valor, en un mundo lleno de oportunidades, que nos exige hacer un esfuerzo por comprenderlo, por enfrentarlo. Más allá de la realidad inmediata concreta, que aparece como condicionada y prefijada sin margen de actuación, la cultura de la innovación nos dice que nada está prefijado, que todo es posible y que, para ello, hay que alzar la mirada, trascender de lo puntual y concreto y escudriñar el entorno. Un entorno configurado por contextos en los que las cosas se desenvuelven y pasan.
El filósofo Daniel Innerarity habla de la importancia, para cualquier organización y actividad, de gobernar los contextos. El futuro no depende de la iluminación del líder, depende de generar contextos en los que cada uno hace suyo el reto del progreso.
La innovación sólo se puede entender en el marco de un entorno. Un entorno que nos plantea el reto de su comprensión y de su transformación en contextos. La innovación nos llevará a gobernar esos contextos, sabiendo que el caos, lejos de destruirnos, está lleno de oportunidades.
Por eso, innovación, caos y contextos van de la mano. Porque no existe innovación en la burocracia y el predeterminismo. Sólo existe innovación en la medida en que aceptamos el caos. Ahora bien, un caos que no es desorden, que tiene sus leyes y que se proyecta en contextos abiertos y ricos en los que crear y desarrollar, progresar y crecer, sorprender y sugerir. En síntesis, el desafío de gobernar los contextos para innovar.
José Luis Larrea
Presidente de Ibermática
Noviembre 2007
There are no threads for this page.
Be the first to start a new thread.